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Subvertir la subversión
por Nicolas Cuello
Cuerpo disidente que despeinó la verticalidad de las crestas oficiales del punk inglés, Vi Subversa, madre de futuros desmadres, dejó un legado vital: los cimientos de una explosión anarco feminista cuyas esquirlas resuenan hoy como nunca.

Vi Subversa, cantante y guitarrista de la banda anarco-punk Poison Girls, fue una de las primeras voces que germinó la posibilidad de un feminismo verdaderamente crítico en una ciudad como Londres, tempranamente sacudida por la emergencia del punk, tanto como por su inmediata digestión mediática. Junto a CRASS, formaron parte de ese primer espectro de experimentación libertaria, que buscaba hacer de la expresión musical un proyecto singularizante que se derramara de sus propios límites, para fundar un complejo y sensible modo de vida. Lo poco que se sabe de su historia resulta por demás interesante, principalmente porque su experiencia desafió los cánones corporales y etarios de la escena underground y del discurso feminista naciente en las comunidades anarquistas en las que transitó durante el curso de los años setenta y ochenta.

“Llegó al punk de vieja”, dicen algunas notas. Con dos hijos a cuestas y harta de la serialidad de la vida que le proponía el destino de la heterosexualidad reproductiva, se dedicó de lleno a experiencias de educación alternativa y estudios sobre el comportamiento. Una vez establecida en Brighton en los setenta y con 40 años encima, su contacto con estos espacios de experimentación del saber, y en los que el cuerpo cobraba un lugar fundamental, se vio necesariamente atraída por la nueva ola de activismos feministas que nacían en la época. Poco tiempo después, un tanto cansada de los corsets ideológicos que proponía el separatismo, optó por formas de pensar y actuar el feminismo desde la sensibilidad y la energía del cuerpo en acción. Ese fue el primer llamado del punk.

Durante esos años llevó adelante “The Body Show”, en donde exponía su carne como forma de escritura performativa. Y de esa manera, dicen, encontró la potencia radical de su voz convirtiéndola en una vibración incomoda, con una textura áspera e incomprensible para los estereotipos femeninos del punk, del spoken word y de la performance artística. En 1976, después de escuchar el primer material de los Buzzcocks, todo le hizo sentido, y junto a algunos músicos que habían colaborado con ella en su faceta performática, decidieron dar un paso más, así nació Poison Girls. Una banda que produjo los cimientos de la explosión anarco feminista dentro de la cultura subterránea punk en los ochenta, con un sonido fuertemente hermanado a la precaria belleza cruda de la canción libertaria. Songs of praise (1985) es su último disco de estudio con el cual se despedirán de los escenarios underground dejando en claro a través de esa voz amazónica y experimentada de Vi Subversa, que el punk y sus sonidos alternativos son una energía de comunión en la que intiman todas las rarezas, que el cuerpo es la primer canción y que no existe tiempo correcto para quebrar el curso de lo normal.



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