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La noche de los discos vivientes  
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Desde Valparaíso, la ciudad en la que la gente se desplaza en ascensores y en la que las mujeres por la tardes sacan a pasear sus pingüinos, transmite Radio Valentin Letelier su programa La Noche de los discos vivientes. "Un programa que no calma a las bestias, pero sí las pone a bailar. Con un único fin en común: hacer que ud baile hasta lograr un perfecto estado de desmembramiento en frenesí."
En la tornamesa Winco modelo 58 de este programa giran foxtrots, congas, baiones, rumbas, mambos y otros sones de cantantes y orquestas de todos los continentes, que se levantan desde viejas tumbas de discos de pasta fechados hasta 1950 y reviven a la velocidad de 78 rpm, desatando un frenético carnaval de almas en blanco y negro para “poner fin a la dictadura del ritmo”.  El exhumador es Carlos Reinoso – de profesión ilustrador, pero fundamentalmente activista sonoro chileno, creador del experimental dúo Mostro y del sello Horribles Registros -, compilador y anfitrión de este show musical junto al enigmático gato Panchito Cabrera, de quien solo sabemos que ha usurpado la identidad de un viejo guitarrista de jazz de Antofagasta, ya que juega a escamotear su imagen pública con fotos de peluches o ilustraciones de su compañero Reinoso. Ambos conducen esta increíble audición radial con diálogos de DJs eruditos, entre situaciones plenas de súbitas presencias espectrales y fenómenos paranormales.

"Con la expresión “muerte a a la dictadura del ritmo” nos vestimos de enterradores para sepultar cualquier atisbo de baile pretencioso: el verdadero bailaor se mueve con un mambo, chachachá, boogie, foxitos cariñosos, marchiñas, mazurcas, sambas, farrucas, porritos o cumbiambas colombianas de los años ‘50. Al enunciar esto no queremos ir de socarrones, sólo es que a veces nos parece más honesto entregarse al frenesí de un festival de rancheras que moverse al ritmo de entidades sospechosas de la industrialización musical actual, léase indie, electro porradas, mainstrean pop adolescente y desarrollos de ése tipo que, a fin de cuentas, no poseen alma genuina." manifiesta Reinoso, en una jugosa entrevista con los colegas de la revista chilena Súper 45,  acerca de su labor arqueológica sobre todo un montón de acetato todavía virgen de digitalización. “Los discos de acetato son frágiles y abarcan sólo un tema por lado, lo que posibilita al músico entregar calidad rítmica y el dejo sublime del registro al ser grabaciones ortofónicas. Contamos con una vasta cantidad de plaquitas que nos fueron ofrecidas a manera de entierro luciferiano: una vez, caminando por el campo, he seguido la luz que me llevó debajo de un litre, pala en mano excavé y hallé hermosos objetos ofrecidos como discos de pasta”

-        Con Panchito nos encontramos consternados debido al gran incendio que arrasa los cerros de Valparaíso.

-        Ñaaaaaauu…

-        El felino nos cuenta que gigantescas lenguas de fuego devoran todo a su paso, calcinando los hogares de humildes porteños, quienes ven como el ejercicio dantesco de un incendio forestal que se ha descontrolado, corre como cabra enloquecida.

-        Ñaaauuuuuuu

-        Si, Panchito. Se cuentan bajas humanas y de mascotas que vivían en los respectivos cerros.

Con este dialogo comienza la presentación de “Valparaíso. Nunca más te quemes” episodio dedicado al pueblo de ese mítico puerto chileno, cada tanto victima de voraces incendios, y entonces suenan Federico Ojeda y su orquesta, Germán del Campo, Armando Carrera y su ritmo, Alberto Méndez y su conjunto, Giolito y su conjunto penquista, Orquesta Huambaly, Lecuona Cuban Boys, Orquesta los Peniques, Roberto Inglez y su orquesta.

 “Tratamos de radiar memoria histórica musical que tenga relación con el espíritu festivo y hacemos lecciones de historia social latinoamericana, expresada en precisas placas de contenido político. También, desenterramos folclor oscuro chileno y sudamericano, desde tristes chilenos hasta merengues no reaccionarios; y proto world music, como dabke, steel guitars de Hawái, swing japonés de los años ’40, etcétera” Así es que uno puede en su propio living entrar en trance con el episodio “Musica característica, Boogie Woogie y médicos brujos” hasta quedar con los ojos en blanco, o bien quedar “Con los ojos rojos de tanto bailar porro”. Cada episodio promete una aventura sin igual desde sus títulos: “Para mover los ectoplasmas”, “Bailando para la gran diosa intemperie”, “El misterioso gato que surgió de la espesura”, “Ocultismo felino, ritos incas y música para bailar sentado”. Y si es importante atender las instrucciones ofrecidas por los mismos anfitriones:

1- Un programa especial con los discos favoritos de nuestro querido felino a 78 rpm

2- Entender el idioma de los gatos
3- Se recomienda la lectura de Spencer Holst
4- Bailar y bailar

Y recordar: "Si un gato busca placas en la oscuridad es para hacer bailar las criaturas nocturnas con porros, mambos y ritmo tropical”

El programa se puede seguir en la web a través del soundcloud del sello chileno Cómeme o de sus propios mixcloud y tumblr

Escucha La noche de los discos vivientes

 

Tenshi No Gijinka
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Keiji Haino
Tenshi No Gijinka  
(Tzadik, 1995)

Un gran disco, por su profundidad sónica y poética. Y casualmente un trabajo en el que Haino se vuelca hacia instrumentos inusuales en un plan ritual e intimista (con algunas explosiones inevitables). Toca objetos de metal, parecen campanas, platillos, y otros difíciles de discernir con exactitud. También utiliza un instrumento de viento, canta y habla. Un músico con la capacidad de no depender de un instrumento. Se lo nota muy poco protegido, el disco es una muestra transparente de su delicadeza y espiritualidad.

Keiji Haino
Keiji Haino with Boris - Black: Implication Flooding  
(Inoxia Records, 1998)

Este disco fue grabado con la banda japonesa de metal Boris. Los momentos “más Haino” parecen una regresión a un estado primigenio y desde ahí la música se desarrolla.

Un sonido sostenido que se expande y una voz que pronuncia palabras monstruosas, como un lenguaje en descomposición. Con algo así arranca “A Rise, A Moment Before Something Unexpected Is on the Verge of Starting”, el primer tema del disco, sonidos retorciéndose, juntando fuerza. Luego gritos y lamentos, y de vez en cuando tambores y cadenas perfeccionan el paisaje. La capacidad vocal de Haino le permite expresarse de los gritos a los susurros, desde los gemidos más lastimeros hasta el alarido brutal. En este tema, igual que en el sexto, Haino toca una caja sruthi electrónica. En ambos se sale de los caminos del heavy y vuelve a la experimentación.

Muchas canciones de Haino poseen títulos larguísimos, pequeñas piezas literarias de un barroco post apocalíptico, otras apenas siguen una enumeración.

Without Doubt
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So many things I still have yet to say
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In the hollow created between the eyebrows, what offering would be most appropriate
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Keiji Haino
Pan sonic & Keiji Haino. Shall I Download A Blackhole And Offer It To You.  
(Blast First Petite, 2010)

Un disco capaz de capturar la atención de los más diversos públicos por su capacidad de interpelar personalmente al escucha. El sonido de este disco, grabado en estudio poco antes del concierto en Berlín en 2007, es resultado de la colaboración con el grupo electrónico-experimental finés Pan sonic, creado por Mika Vainio e  Ilpo VäisÂnen.

El tema “In the Hollow Created Between the Eyebrows” presenta una entrada amable, una voz aguda y dulce se balancea mientras una estática emerge desde el fondo abriendo un ambiente oscuro que da paso a otra voz, tormentosa. El sonido muta, articulando una experiencia inusual, con muerte súbita.

“So Many Things I Still Have Yet To Say” presenta una deriva del sonido electro- industrial, comienza con un sonido orquestal que deriva en un flujo sonoro que va dejando sentir las diferentes fibras que lo componen.

En vivo en Saint John at Hackney (05/10/2012)
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Keiji Haino
Fushitsusha  
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Con la banda Fushitsusha, Haino viene agitando la escena under de Japón a puro noise y distorsión desde finales de los años setenta. Un Godzila gigantesco que se agita en los parlantes. En los muchos discos de este grupo, cuya formación ha ido cambiando a través del tiempo, se advierte el trabajo de Haino en un formato específico y clásico, el del power trío. Un grupo de rock, con el ímpetu de Haino, con las distorsiones y el contrapunto del silencio.

Algunos sentirán un límite ante esta propuesta, la frontera del universo musical, la no-música. Uno no sabe, pero puede imaginar que una catarsis cósmica puede sonar de modo similar. Como ejemplo, se pueden escuchar las primeras grabaciones, Double Live I y II (PSF, 1989 y 1991) o el concierto en vivo de St John-at-Hackney del 5 de octubre de 2012.

Keiji Haino
Nijiumu  
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El proyecto Nijiumu está rodeado de misterio. “La mezcla de lo que es y lo que no es”, arriesgan algunas traducciones. Incluye varias propuestas, la primera, solista, es un ambient gótico de 1990 cuyo hilo conductor parece ser la creación de música para alguna película inexistente, pero que Haino es capaz de relatar al detalle. Los otros son proyectos grupales posteriores (aunque muchas veces la identidad de los participantes permanece oculta).

Driftworks, parte de este proyecto, es un caja-laboratorio con cuatro CD y, si de sonidos de calabozos se trata, Nijiumu (Live) parece un viaje a la pequeña celda del hospicio psiquiátrico en que Renfield, el siervo del conde Drácula, experimenta con arañas y moscas mientras espera el arribo de su amo. Los sonidos de la percusión, la guitarra, entre otros instrumentos difíciles de identificar se pierden en el espacio oscuro y profundo que ellos mismos van creando. Una propuesta minimalista en la que los sonidos organizan sutiles recorridos y que en el final se expresa a través de un canto suave que se desvanece en los entresijos del silencio. 

Keiji Haino
Era of Sad Wings  
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Surge de un film imaginario, protagonizado por un tal Milkshake, que camina por la tierra de los muertos en busca de un ser amado. “La película no trata sobre  encontrar y resolver algo. La película trata sobre un sentimiento que no cambia y un lugar que nunca termina”, supo explicar Haino alguna vez. Una propuesta musical tierna y delicada que muestra los inagotables recursos de Haino, especialmente en su faceta de vocalista.

Keiji Haino
I said, This is the son of nihilism  
(Table of the Elements, 1995)

El disco comienza con un sonido industrial áspero, luego unos simples acordes y una entonación suave se adueñan de la pista y lo transforman. La guitarra y la voz son los instrumentos más presentes, algunas veces recita, otras modula un sonido agudo muy agradable con su voz. Algunos picos del disco recuerdan sus trabajos de rock más duro, con Futsitsusha. También es interesante contrastar con el primer Nijiumu, en el que muestra su capacidad para construir, entre el sonido y silencio.

El Desierto
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La Celestina
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Lhasa
La llorona  
(1997)

El nombre del disco anuncia cierto carácter mitológico. Refiere a la leyenda mexicana sobre el alma en pena de una mujer que por las noches espanta a todos con su llanto nocturno, clamando venganza por la muerte de sus hijos. El embrujo del sonido del español que conoció en México se adueñó del ritmo de su música. “Cada frase que logro escribir en español me parece que es un milagro. La cosa más sencilla me parece tan poética. Siempre siento asombro con esta lengua”.

Fronteras, carreteras; las canciones compuestas por Lhasa para su primer álbum son un viaje de regreso hacia esas geografías –mezcla de mito y de recuerdo– que surcó durante su niñez hippie y errante. “El desierto” es una las pequeña joyas de este disco.

He venido al desierto pa’ reírme de tu amor / Que el desierto es más tierno y la espina besa mejor / He venido a este centro de la nada pa’ gritar / Que tú nunca mereciste lo que tanto quise dar / / He venido yo corriendo, olvidándome de ti / Dame un beso pajarillo, no te asustes colibrí / He venido encendida al desierto pa’ quemar / Porque el alma prende fuego cuando deja de amar.

Anywhere on this road
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Lhasa
Lhasa The Living Road  
(2003)

Lhasa se unió en 1999 al circo Pocheros, que sus hermanas tenían en Francia. Esa energía despuntó en la efervescencia creativa de su segundo disco, esta vez en sus tres lenguas. Cada tema crea un clima especial, la chanson francesa hace su aparición homenajeando al soleado puerto de Marsella, donde terminó de encontrar el sonido de este disco, que luego sería grabado en Montreal.

Las canciones son el resultado de un viaje interior del que regresa con un puñado de historias plegadas sobre su propio latido. Un tono más íntimo, no carente de momentos épicos, toma la posta. Será que siempre hay algo heroico en las batallas que uno enfrenta contra los propios espantos: “Si puedo hacer frente a ángeles y hombres, nunca volveré a ser devorada por las tinieblas otra vez” (“Anywhere on this road”), canta en inglés con un eco a Tom Waits.

“Abro La Ventana”, uno de los dos temas en español, está inspirado en un cuadro del surrealista Edward Hopper. “La marée haute” (“Marea alta”), en un número del circo en el que su hermana intentaba volar con un bote. Cada canción cuenta una historia. De este disco estremecido por tantas intensidades se sale como erguido desde más adentro.


Seré fuerte
como un barco
y sabio como una ballena
y voy a decir las tres palabras
que nos salvarán a todos
y voy a decir las tres palabras
que nos salvarán a todos.
Pronto este espacio
será demasiado pequeño.
Y me río con tanta fuerza
que las paredes se derrumban.

Rising
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Lhasa
Lhasa  
(2009)

Su álbum despedida es íntegro en inglés, el idioma de su placenta. Aquí su apuesta se concentra aún más. El minimalismo acentúa la melancolía –esa íntima tristeza que no renuncia a la hermosura– y su canto se vuelve más urgente. Es un disco cantado al oído. La poesía es la posibilidad de seguir adelante.

Este disco es un continuo despojarse, como un alambique que busca destilar la emoción más pura con la menor cantidad posible de notas y palabras. Las canciones, como un juego de espejos, reflejan todos los rojos, verdes, azules de la partida.

En “Rising” cuenta cómo en sus últimos tiempos estuvo aislada en una tormenta, sacudida mientras todo su mundo estallaba alrededor. De esa ausencia, volvió sólo “por un rato”, como hizo siempre, para compartirla.

Bacchanale
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John Cage
In a landscape  
(1994)

John Cage habitó un planeta en el que hasta el silencio sonaba. Percibió que a su alrededor había muchas más cosas de las que se decía, por eso su trabajo busca descubrir los sonidos que rodean cotidianamente al habitante de las ciudades para revelarle un paisaje sonoro (des)conocido. Poseedor de un humor sutil e infinito, supo proclamar que la nueva era sonora implicaba el fin del imperio del sentido. Se vinculó a las tendencias más radicales del arte contemporáneo e hizo de la libertad el concepto basal para detonar el sistema tonal occidental, que divide sonidos que en la naturaleza conviven. Al morir en 1992 había cambiado el modo en que Occidente registraba el mundo. Por todo esto, a John Cage hay que escucharlo con todo el cuerpo, porque los oídos no alcanzan.

El piano preparado es la herramienta-instrumento que le permitió incluir, además de nuevas sonoridades, al azar como elemento central de sus composiciones, la irrupción inesperada de sonidos hacían de cada performance un evento irrepetible. Además de componer, escribió, y mucho: “Los sonidos existen, y yo estoy interesado en que están ahí, y no en la voluntad del compositor. En un proceso musical no existe un ‘entendimiento correcto’ y, por lo tanto, no puede haber ningún malentendido con respecto a la comprensión de este proceso. Un objeto musical (es decir, una obra musical) por sí mismo es un mal entendido, y los sonidos no controlados por el compositor no se preocupan si construyen sentido o si van en la dirección correcta. Ellos no necesitan esa dirección o no-dirección para ‘ser’ ellos mismos. Ellos simplemente ‘son’, y eso es suficientemente bueno para ellos y para mí también.” De la interpretación de Stephen Drury, un experto en la obra del artista de Los Ángeles, emerge un Cage pleno y accesible. En este CD hay temas de profunda melancolía como “In a Landscape”, “Prelude of Meditation”, “Dream”, y otros que vuelcan sus sonidos como lava ardiente. Por ejemplo, “Bacchanale” (1938) -pista 6-, que es el primer tema que compuso para piano preparado. El disco dura casi una hora, escucharlo durante un viaje en colectivo o tren, en medio de otros sonidos o ruidos, no sería una ingratitud sino una justa aclamación.

Pulse Pause Repeat
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The Messenger
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Harold Budd - Rubén García - Daniel Lentz
Music for 3 pianos  
(1993)

Tres artistas que a despecho del número reducen la música a su mínima expresión. Budd, García y Lentz intiman con cada sonido en un juego nocturno y preciosista que invita a la contemplación. Music for Three Pianos traza sus dominios en el límite del silencio, allí se despliegan los sonidos desde su génesis hasta casi disiparse. Bajo la influencia de John Cage y Morton Feldman, el diálogo minimalista de estos eruditos del piano ofrece una vivencia maximalista de la música. Un planteo basado en la sustracción, sortear todo acorde del que se pueda prescindir, restar hasta llegar a las fuerzas mínimas, esenciales. “Pulse Pause Repeat”, presenta en el arranque una repetición hipnótica de acordes apenas diferentes entre sí que aumentan su intensidad para luego decrecer. Casi el silencio, una y otra vez. “Messenger”, con pocas y secas notas del lado agudo del teclado, deja ese (casi) silencio literalmente vibrando. No representa un peligro, lejos de ello, el silencio es la mejor sociedad que podían encontrar. No es un límite sino la contracara obligada. Ingreso a propulsión a un mundo en formación, asistimos asombrados al surgimiento y el despliegue de paisajes sonoros, a veces turbulentos, a veces serenos, nunca estridentes. Ante cada una de las notas de esta travesía, uno se mantiene a la expectativa, como sobre un vacío del que emerge un camino recién al dar el paso. Por esa senda se ingresa a territorios que exploran estadíos primordiales (imágenes, sensaciones y pensamientos) de nuestra interioridad. Tan perfecta se nos presenta la colaboración entre Budd, García y Lentz que es imposible decir cuándo actúa uno y cuándo los tres, cuándo es un monólogo y cuándo un diálogo. Estos tres pianos edifican un misterio donde, como en aquel trascendental cristiano, es imposible discernir entre la unidad y la pluralidad. Los nombres de los temas, que combinan español e inglés, afirman una veta fantástica y sencilla. Lejos de toda pretensión, arriesgan una apuesta a un mundo azotado por acordes fantasmas que vienen y van, con santuarios para brujas y habitado por personajes maravillosos como las muchachas con sueños dorados. Para internarse en estas geografías musicales, sólo es necesario la soledad. 

Gogol
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Manifesto
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Gonzales
Solo piano  
(2004)

“Hola, soy Chilly Gonzales. Si no me conocen, soy un productor nominado al Grammy. Tengo el record mundial Guinness por el concierto de piano más largo, de 27 horas (tres minutos y 44 segundos, para ser exactos) seguidas. Tengo un montón de amigos famosos, y en Francia, donde vivo, me llaman un génie musicale.” La autofanfarria es un arte y no ahorra información. “Gonzo” es famoso en las geografías del rap, el hip-hop, el pop y más temprano, antes de irse de su Canadá natal, el jazz. Es difícil adivinar que se trata del mismo compositor e intérprete de piano clásico, con huellas de Erik Satie.

“Celoso, inseguro, inadecuado, con una leve necesidad sociopática de ser validado. Todo eso tengo”, se define. La biografía cuenta que comenzá a tocar el piano a los tres años; la leyenda, que se relacionó con la música mediante los cómics y que al darse cuenta que no había ningún súper villano musical decidió convertirse en uno.

En esta línea en 2000 presentó, en el sello alemán Kitty yo, Gonzales Uber Alles (Gonzales contra todos) donde la electrónica se entretiene con el hip hop, el trip-hop y el funk.

Jugador de toda la cancha, Gonzo se desmarcó y encaró nuevos desafíos: en 2004 presentó Solo Piano. Un disco que muestra la intimidad que logró con el instrumento que conoce desde la niñez. El show ego-mediático no opaca sus destellos de excelencia y, lejos de la provocación, compuso un disco instrumental en el que la música se corona como soberana. Esta faceta muestra un teclado minimalista de tonos suaves y medidos, que juguetea con la melancolía mediante inflexiones alegres y sutiles. Los temas son muy breves - menos de 2,5 minutos promedio - y en ese corto lapso desarrolla una pequeña historia melódica. “Gogol”, “Manifesto”, “Dot” son pequeñas creaciones con un componente adictivo, el resultado es la necesidad de aislarse y volver una y otra vez a ese conjunto de armonías, para comprobar que siguen allí, que son reales y que uno puede habitarlas.

“Depende de ellos –el público- decidir después del concierto si realmente soy un genio de la música. Yo sinceramente lo creo.” El público suele darle la razón, y hay que reconocerlo, Chilly hace todo y todo lo hace bien.

Musiques Plastiques Nº8
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Musiques Plastiques Nº7
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Galeshka Moravioff
Piano Solo Vol. 1 (1980) y Vol. 2  
(1985)

Galeshka Moravioff nos propone un torbellino musical sinfín, que nace del encuentro con un único instrumento. Una tormenta con granizo de dedos que sólo se pausa sobre la claudicación final, ante el silencio. Estas Musiques Plastiques, tal los nombres de los temas, se bastan a sí mismas: un sonido que, por momentos, avanza a tal velocidad que nos deja sin resuello ni tiempo para pensar en la siguiente nota. Pura energía que fluye. Es como si estuvieran sonando desde antes, y como si fueran a permanecer, más allá de que las abandonásemos. Y es posible que así sea, tanta energía no puede depender del público, siempre tan volátil y transitorio. Los juegos armónicos obligan a centrar toda la atención en el despliegue de las improvisaciones, para las que Moravioff eligió un piano Steinway. Una intensidad cromática arrolladora, que se reparte y completa en dos entregas, distanciadas entre sí por un lustro, pero que comparten un envase casi farmacéutico, apenas dos tonos de un mismo color y las mínimas palabras. Austera carta de presentación de este multifacético artista suizo, doctor en etnografía por la Universidad de Paris y fundador de la sociedad Films sin Fronteras, Moravioff no se ha privado de musicalizar algunas joyas del cine mudo como Metropolis de Fritz Lang, Nosferatu y Fausto de Murnau, El General de Buster Keaton. La preocupación por la imagen (es también director de cine) sumada a sus estudios antropológicos se expresan en la presentación de los discos: grafías de lenguas latinas, arábigas, eslavas, orientales y africanas adornan el arte de los discos y dan cuenta de una presencia etnográfica que nos enfrenta al misterio irresoluto de la existencia del otro, como un hecho tal vez opaco pero no amenazante.

The Homeless Wanderer
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The Song Of The Sea
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Emahoy Tsegué-Maryam Guébrou
Ethiopía Song - Piano Solo  
(2006)

Dos momentos significativos de la vida de una mujer, unidos por los extremos horizontales de una cruz que tiene inscripta la leyenda “piano solo”. A la derecha, la joven y bellísima religiosa encapsulada en un severo hábito de monja proyecta una mirada fresca y directa que sin pedir nada gana el protagonismo de la tapa. Sobre el lado izquierdo, en un tranquilo tono azul, tal vez más sabia, y seguro más humilde, la anciana religiosa se inclina sobre un piano, al que brinda toda su atención.

Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou (12/12/1923) es una flor que germinó en el suelo fértil de la multiculturalidad. Migración, cárcel, exilio, tiranía y toda clase de persecuciones forman el abono de ese sustrato. La vida de esta etíope de clase alta está signada por la lucha contra los avatares históricos que, como violentos huracanes, intentaron apartarla de su destino. Yewubdar Guèbrou fue educada en Europa. Más tarde, junto a su familia, cayó presa del fascismo italiano cuando éste arribo a las costas africanas. Pasado el trance, continuó su educación musical en Cairo y de vuelta en Etiopía, bajo la guía del violinista polaco Alexander Kontorowicz. Cuando su camino parecía haberse reencauzado, el emperador Haile Selassie I (el mismísimo Cristo negro de los rastafaris) celoso de su hijo que la cobijaba como mecenas le prohibió continuar sus estudios en Inglaterra. La decisión palaciega la fulminó como un rayo y, sintiendo que para ella sin música no había vida, cayó en una depresión tan profunda que hasta le dieron los últimos sacramentos. En una de las primeras entrevistas radiales cuenta: “Tenía una mala impresión del ser grosero, egoísta y malvado de las personas. Así que me exilié en el arte y la naturaleza. Me había enamorado de la gloria de la naturaleza.” Desolada, escapó a un monasterio donde se consagró a Dios. Así, Yewubdar Guèbrou se convirtió en la hermana Emahoy Tsegué-Maryam. Desde 1984 vive en Jerusalén.

La artista que asoma, triunfante, al final de ese camino posee el don y la pasión por la música intactos. Este disco contiene composiciones de diferentes etapas de Tsegué-Maryam, su estilo se nutre de música europea clásica (Beethoven, Chopin), música de la iglesia ortodoxa, jazz, el primer pop etíope (Tilahun Gessese, Bekele Hirut, Ahmad Mahmud y Bizunesh Bekele) y también pueden escucharse rastros de la escala pentatónica tradicional.

En la primera pista (“The Homeless Wanderer”), por ejemplo se sirve de dos escalas etíopes: Tizita y Bati. Esta conjunción de influencias es simiente de composiciones que, con un fraseo autónticamente personal y un pulsar templado y exacto, transitan la melancolía, la felicidad, la oración.

En 1963, a los 40 años, en Alemania y con fines benéficos grabó sus dos primeros long play. Los nueve temas con que inicia el disco provienen de estos trabajos. En 1970, encara un nuevo proyecto de corte más clásico, las pistas 11 a 13 son tomadas de él. En 1996, ya en el convento de Jerusalén, realiza una compilación de sus trabajos a la que agrega cuatro nuevas composiciones, que ocupan los últimos tracks de este volumen, eslabón 21 del monumental proyecto discográfico éthiopiques. 

Moondog
Pastoral Suite, Surf Session  
(1953)

Vientos poderosos de orquesta de swing callejera (“Rabbit hop”) inician este disco breve, una percusión machacante nos hace imaginar a esa orquesta avanzando a paso veloz por las calles de una ciudad que se deja invadir por el pastor vikingo. En “Bumbo” y “Dog trot” los sonidos adquieren un espesor de cine noir. Un minimalismo salvaje y envolvente que futuros cultores del género como Steve Reich se encargarán de re-explorar.

Moondog
Moondog and his Honking Geese  
(1955)

Vientos poderosos de orquesta de swing callejera (“Rabbit hop”) inician este disco breve, una percusión machacante nos hace imaginar a esa orquesta avanzando a paso veloz por las calles de una ciudad que se deja invadir por el pastor vikingo. En “Bumbo” y “Dog trot” los sonidos adquieren un espesor de cine noir. Un minimalismo salvaje y envolvente que futuros cultores del género como Steve Reich se encargarán de re-explorar.

Up Broadway
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Moondog
The story of Moondog  
(1957)

Gran oda a la vía pública, ese río. El disco más callejero de Moondog lleva por título La historia de... y no es casual, ya que en él se condensa toda la primera etapa de su camino musical signado por la intemperie escogida. En la portada un texto escrito a mano no deja lugar a dudas: Moondog es un poeta que versifica en sonidos.

Carnival
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Sea horse
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Moondog
German Years  
(1977-1999)

Este disco doble se compone de una antología que recoge las producciones de los últimos veinte años en la vida de Moondog más la grabación de su último concierto, ocurrido el 1 de agosto de 1999. Emigrado a Alemania en 1974, Moondog pudo desarrollar su obra en un contexto diferente al de sus inicios: salas de conciertos y teatros con un público expectante y el piano ganando cada vez más terreno en su universo sonoro. Pero aun en las composiciones dedicadas casi exclusivamente a este instrumento se pueden distinguir, nunca del todo apagados, esos golpes y latidos, ese tam tam de los pueblos originarios norteamericanos que lo marcaron tempranamente. “Carnival” podría ser un pasaje de la música de fosa de un film mudo protagonizado por Buster Keaton. “Sea horse” me hace imaginar a ese Keaton empujando un piano negro bajo una luna clara, adentrándose en un vasto territorio de cielos estrellados, lobos grises, y atentos sioux. Así de generoso es el concierto de Moondog.

Moondog
Moondog  
(1969)

Grabado en estudio, con músicos amigos invitados como siempre, pero alejado de ese sonido casero-callejero (dos cualidades que no resultan antagónicas en Moondog) de sus primeras grabaciones, este disco lo revela como uno de los grandes compositores del siglo XX. Y no es que estén ausentes los ruidos de pasos, las bocinas y los silbidos de sus queridas veredas, estos se insertan como breves registros documentales que amplían la orquesta cuando hace falta. Pobres de aquellos empleados de tiendas de discos o bibliotecas sonoras que quieran ubicar este disco en algún estante demasiado confiado de sus etiquetas. Aquí Moondog es un tren que no necesita pisar los rieles de ningún género y se eleva por sobre los techos de las estaciones que lo esperan en vano. Este disco contiene una de sus obras maesras, el Lamento Nº 1, dedicado a Charlie Parker. Requiem de ritmos gozosos para el amigo fuera de juego, “Bird’s lament“ es una maravilla que debiera sonar y ser bailada en los mejores funerales.

Sangue Latino
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Amor
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Secos & Molhados
Secos & Molhados  
(1973)

Ecos del manifiesto antropófago de Oswald de Andrade resuenan en el banquete caníbal al que nos invita la tapa de este disco. No es fácil rechazar el manjar expuesto, las deliciosas cabezas de João Ricardo, Ney Matogrosso, Gerson Conrad y Marcelo Frías son el plato principal de este disco-menú. Así es, el propio cuerpo como ofrenda nutricia en cada escucha-ritual.

La voz de Ney Matogrosso, que aún hechiza multitudes con su delicadeza hipnótica de sirena andrógina, recibe a los comensales. En la primera mitad de los setenta, los Secos & Molhados rebalsaron el mapa musical de Brasil, rompieron los diques que dividían música de vanguardia de música masiva. En un momento difícil de la dictadura, los artistas irrumpieron contoneándose con caras pintadas y fogosas performances de fuerte contenido erótico.

La música fusiona bossa, tropicalismo, forró, rock, pop y más, casi siempre a cargo de João Ricardo. Los temas son poemas de Cassiano Ricardo, Manuel Bandeira, y Vinicius de Moraes que pide dulcemente, “nunca olvides la rosa de las rosas / La rosa de Hiroshima, rosa hereditaria / La rosa radiactiva, estúpida e inválida / La rosa con cirrosis, la anti-rosa atómica / Sin color, sin perfume, sin rosa, sin nada.”

Gabo Ferro
La aguja tras la máscara  
(2011)

La voz de Gabo Ferro te perfora el estómago, te hace un agujero ahí, deja un gusano que empieza a comerte por dentro. No todos lo entienden, claro. Las experiencias estéticas que van tan lejos son riesgosas, aunque también profundamente honestas. “Mi buitre va a volar / mi buitre va a tragar tanta carne en silencio que aullará / desgarrando la casa de su hueso (…) Mis buitres partirán / cuando se hayan tragado todo el mal”.

En su último viaje discográfico -La aguja tras la máscara, editado por el sello oui oui records-, Gabo Ferro canta con susurros, clamores, recurre a los tonos que necesita para hacer vibrar sus canciones. Se nota un esfuerzo por llegar al personaje que escondemos detrás detrás de la máscara mediante un sonido crudo y un difícil llamado a enfrentar los tormentos más íntimos, por eso advierte apenas comenzado el disco: “No te asustes, no sirve, no te escapés, / volvé…”. Es que estas canciones le hablan a una “vieja herida que no puede cerrar”, y esa intención está presente en cada una de las doce canciones.

Natural (cover Tanguito)
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Malrecetado
Grabaciones, demos, ensayos y pruebas de sonido 1988-1991  
(2011)

Los mejores regresos son los inesperados. Malrecetado y Amor Indio, dos combos malditos, alimañas del under de fines de los 80, exponentes del más desatado sonido beat garagero argentino, volvieron a compartir escenario el 24 de noviembre de 2011. Tras 20 años sin tocar, volvieron a romperla, para la satisfacción de un puñado de fieles, fans y memoriosos sobrevivientes de estas últimas décadas. Caminando por la avenida Córdoba, antes de subir las escaleras de Videobar Especial nos preguntábamos si no era un acto de pura nostalgia llevar el cuerpo (y hasta un cierto cosquilleo de ansiedad) a esta juntada, si no era preferible quedarse con los sabores ya vividos. El presente escupió la respuesta: electricidad compartida. Noche de alquimistas en su mejor forma, capaces de reunir opuestos (felicidad nihilista, ácida alegría, sonido caótico y preciso, estribillos rabiosos sobre viejos amores imposibles) estos compañeros de ruta, batalladores de sótanos porteños, se (nos) regalaron una noche para atesorar. La excusa para reunir a Matías Andrade, Roberto Nieto Nepo, Pablo Gauna, Cristian Ruiz, Martín Tessitore, Cristian Pechón, entre otros fue la presentación de este disco que reúne demos, temas en vivo y ensayos grabados entre 1988 y 1991, una edición muy cuidada a cargo del militante sello Rastrillo Records. Allí está todo, o sea, lo que hay: temas propios y aquellos inspirados covers de los Doors (“Soul kitchen”) y Chuck Berry (“El hombre de atrás“) con las letras rasposamente traducidas, reinventadas, para una Buenos Aires lisérgica y arrabalera. “Una noche de 1984 con mis amigos Pauli, Gustavo, Luis Alesio y El Chino arrasamos con los fármacos del botiquín y salimos a patear por Colegiales -arranca Andrade en el texto que acompaña al disco-. Al amanecer todos los edificios del barrio se habían quedado sin sus felpudos de entrada y una empalizada de casi diez metros de una obra se había desmaterializado. Así hicimos la sala de la calle Cespedes. En 1985 debutamos en un bolichito que se llamaba ‘Taxi concert’. Pero no te voy a contar la historia por que la historia la cuentan los vencedores. Y nosotros éramos perdedores.” Desde el escenario, cerrando el show dedicado a Gamexane y otros amigos ya de viaje, dispararon un “gracias por estar los que estuvieron y nos vemos, quien sabe, en 20 años”.

Ramito
El cantor de la montaña Vol.5  
(2011)

El quinto volumen de la serie El cantor de la montaña eleva a su más alta cumbre, si se permite la obvia metáfora, el cancionero del portorriqueño Florencio Morales Ramos, Ramito. El disco arranca con un aguinaldo cuyo título (“Desde mi tumba”) preludia el tono visceral y melodramático que el resto de las piezas desplegarán de principio a fin:

“Dejaré un recuerdo en esta canción / en dedicación a lo que yo pierdo / Si el silencio muerdo marchando a otra parte / sin un estandarte Ramos quedará / y al morir vendrá mi espíritu a hablarte. (...) Dirás que has soñado y vas a engañarte / voy a comprobarte que no muere el alma / ya vendrá en la calma mi espíritu a hablarte.”
Y no está mintiendo. Su voz de jíbaro sentimental resucitará en los parlantes de quien haga sonar su música en busca de un consejo rimado para un corazón roto o a poco de romperse. Sus primeras décimas las aprendió a los seis años con su hermana Isabel. A los ocho años ya entrenaba su estilo entonando cuartetas bíblicas y rosarios en las “promesas” que se celebraban en su barrio. Cuando lo fueron a buscar Roque Muñiz y el licenciado Reguero para cantar por primera vez en la Plaza de Caguas, su padre se mostró receloso: “Mi hijo no va, porque cantando gana el cura. No puede ir.” El muchacho recibió un chequecito por aquella actividad y su papá cambió para siempre de parecer. Años más tarde, siendo un joven “pinche” que se ganaba sus pesos, Ramito improvisaría sus décimas picantes y cadenas ante los trabajadores en un alto de sus labores. Fue cortador de caña, carcelero y bombero. Tras recorrer por años, junto a otros trovadores y cuatristas, las emisoras radiales de su patria y del extranjero, consiguió un contrato con la casa disquera Ansonia Records que editó toda su discografía. “Esta vida es una escuela para el que quiere aprender”, sentencia en el bolero “El dinero no es la vida”, segunda pista de este disco que reúne algunos de los variados estilos de la música de Puerto Rico monte adentro; plenas, boleros, mariandas, guarachas jíbaras, seis chorroaos, aguinaldos y controversias. Una biblia de pasiones campesinas que se dejan bailar.

Paar
Símbolo de fósforo  
(2014)

Nicolás Domínguez Bedini me cuenta: Fernando Lamas, Hernán Balzarotti, Jerónimo Escajal e Ignacio Fila se juntaban a tocar desde hace años, algunos sábados por la tarde. No hacían canciones, improvisaban libremente sin cantante.

En un momento de estos años, Nicolás –oriundo de Muñiz– se pone de novio con Vikini Amarillo, una divina diseñadora gráfica de zona Sur que se dedica a hacer ropa y a quien conoció en una lectura en Turdera… “Y de repente llegan de sus paraderos invisibles los parloteadotes grajos del otoño…” Estamos hablando del arranque de un poema de María Wine, la esposa de Arthur Lundkvist, uno de los grandes poetas suecos de todos los tiempos, integrante a su vez del comité del Premio Nobel, del que dicen truncó la obtención del mismo a Jorge Luis Borges por un viejo malentendido que no viene al caso. Después de eso, entonces, Nicolás entró como un trueno resignificando voces acalladas… Escucho a PAAR y se me aparecen los The Blue Aeroplanes y el An American Prayer de los Doors. Oh ¡Insignificantes paralelismos ramplones! No importa, estamos acá en pleno “Símbolo de Fósforo”, 4 de junio de 2013, 20hs, la hora demencial y suicida por excelencia que llega a su máximo potencial los días domingos. Pero hoy es martes. Me encuentro con mi amigo en un bar de Avenida Corrientes casi 9 de Julio, él traía entre sus manos el master del disco que mandaría al día siguiente a prensar, para que lo escuche en exclusiva y en el bar que habíamos quedado estaban filmando una película. No era cualquier bar, era el último reducto de los pinchetos, muchas blancas luces de neón, que milagrosamente siguen en pie. El director de la película es otro amigo mío, Luis Ortega. Me prendo de extra rociando la barra con espuma de cerveza. éxtasis total, el mismo que me lleva a escuchar “Hans Magnus Enzenberger y El iceberg” de PAAR, una y otra vez. Le sigue “La granja es una mentira (retazos de The fall of America, Allen Ginsberg)” y acá la sátira de Ginsberg sobre la contracultura hasta en las aguas de los baños de las universidades infiltradas por la CIA –un método reincidente que daría eficaces resultados de control hasta nuestros días. Sin embargo, PAAR parece estar inmune a los resortes del pasado que manipula con novedad e insolencia. Estamos hablando de una sabrosa fusión de música y palabras, ni Spoken Word ni frío Experimentalismo.

Tengo la cabeza bañada de cerveza e inevitablemente no puedo dejar de recordar la enunciación del Teorema de Thales y de su Recíproco, Nocturno de Mileto, se titula el track que los contiene. Literalmente esa frase: “Pasajes evocadores de los muertos o pensamientos lacónicos de Paul Valéry nos llaman la atención”, no parece un título kilométrico y sin embargo, lo es. Trata sobre los encantos y encantamientos de Válery, entre otras cosas, por las zonas muertas, pidiendo otras nuevas formas.

“Van dando vueltas en la noche y son devorados por el fuego”, dice Guy Debord, y le creemos.

Este sorpresivo debut discográfico cierra con Mármol de Carrara o metales, un deleite total. Este año decidí tomar el té a las 5 muchas tardes en El Gato Negro. PAAR me va a acompañar en sus elegantes mesas, esa es una bendita certeza, lo cual no es poco. ¡Gracias!

Escuchar Simbolo de Fosforo

THEESatisfaction
awE naturalE  
(2012)

Fechado el 8 de octubre de 2013 un correo firmado por THEESatisfaction trajo de regalo el disco breve And That’s Your Time, lanzado en forma independiente ese mismo día. Perfecto bonus track de awE naturalE, segundo disco del dúo, editado por el sello SUB POP un año antes. De todas las rebeldías que las raperas de Seattle llevan amorosamente a cabo nos quedamos con ese pequeño gesto mañanero. Stasia Irons y Catherine Harris-White se brindan, se vuelven presente y marcan una frontera. En un territorio como el del hip hop, cada vez más consumido por las obsesiones macho-capitalistas, la ostentación del lujo, la celebridad, la exhibición de hembras, ellas celebran el poder de la mujer negra, lesbiana, insumisa, subvirtiendo palabras y códigos, haciendo de la autogestión y la gratuidad un hecho consumado. THEESatisfaction desea y hace, goza, y se nota.

En su factoría casera de pequeñas canciones/fractales THEESatisfaction lo mezcla todo y lo mezcla bien; jazz de los setenta, hip hop futurista, gospel, funk... Raíces trenzadas con rapeos de pulso callejero (en la voz nasal de Stasia) y fraseos jazzísticos (la especialidad de Catherine) que recuerdan a Nina Simone. Fuerza, dulzura y desparpajo heredados de una tradición de artistas en las que el dúo se referencia y espeja con amor declarado: Anita Baker, Stevie Wonder, Michael Jackson, la flautista Bobbi Humphrey. En sus obras, gemidos y susurros amplificados se nos ofrecen no como mercancía erótica sino como la sonoridad de cuerpos en disfrute. Cuerpos y voces libres que brillan en sus conciertos, performances y videos. Sus habituales shows en la radio universitaria local, la KEXP, pueden verse íntegros en Youtube. Cada uno porta su encanto, la huella de un hechizo bien documentado. En febrero de 2015 llega “EarthEE”, su segundo disco. Mientras lo esperamos con ansias nos deleitamos con el video anticipo de “Recognition”, grabado en el hogar de John Coltrane, en la casa de la Sun Ra Arkestra, y en la residencia (hoy museo) de Marian Anderson, cantante lírica y pionera luchadora por los derechos de la comunidad afroamericana.

“Dejá tu cara en la puerta, deshacete del botín, revisá tu vanidad...., y más vale que te brindes”. Con esta invitación desafiante se inicia y concluye la hipnótica “QueenS”(2012). Imperativos que invitan a una fusión comunitaria, festiva, sin vuelta atrás y que la escritora, activista y cineasta Dream Hampton captó al vuelo cuando aceptó dirigir el videoclip. Con una puesta escénica mínima y contundente, en un departamento convertido en escenario de un baile afro/disíaco sin patriarcas a la vista, se condensa la utopía de THEESatisfaction: el harem emancipado.

La cueca comentada por Violeta
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La cueca
presentada por Violeta Parra  
(1958)

Esto no es un disco, es un manojo de flores cordilleranas. Una antología de cuecas bellas y breves como copihues rojos, recién florecidos en las montañas de Chile, bajo la atenta mirada de Violeta Parra.

La grabación se inicia con Violeta confiándonos lo aprendido de la Filomena Yeverez y la Celia Yeverez, tejedoras y cantoras de Quirihue. Que hay cuatro tipos de cuecas, la cueca corta y común que conocemos todos, la cueca valseada, la cueca larga voluntaria y la cueca larga obligatoria, que también lleva otro nombre: cueca del balance.

“Dice Doña Celia que la cueca del balance se baila cuando nadie se decide a comenzar la fiesta. La cantora toma la iniciativa, hace un verdadero balance de todas las personas que están, y después de la tercera parte empieza a nombrar a todos los presentes. Nombra primero a un hombre, enseguida nombra a una mujer, y todos van saliendo a bailar por obligación, quieran o no quieran, y así el baile es un hermoso tejido de gente que se para, que se incorpora al baile”.

Por fin alguien subió a Grooveshark esta maravilla que hoy les compartimos.

The Sweet Inspirations
Estelle, Myrna & Sylvia  
(1973)
Criaturas soulestiales. He aquí el penúltimo disco de The Sweet Inspirations, conjunto y semillero de voces que tuvo en sus filas, en sucesivas etapas, a las hermanas Dionne y Dee Dee Warwick, a Cissy Houston (mamá de Whitney), a la descollante Doris Troy (su carrera solista la llevó a Londres en donde trabó amistad con George Harrison, que produjo para ella un álbum en la recién fundada casa Apple), y también a las tres damas de blanco que asoman en la portada: Sylvia Shemwell, Myrna Smith y Estelle Brown. Soul de alta gama que brilló en el catálogo del sello Atlantic, dejando un puñado de discos, pocos, si consideramos la tremenda experiencia de estas mujeres que desde los años cincuenta fueron coristas de lujo en las giras y grabaciones de estrellas como Aretha Franklin, Jimmy Hendrix, Elvis Presley, Wilson Picket, más tarde Pink Floyd, Rolling Stones... “Estelle, Myrna & Sylvia”, fechado en 1973 encuentra al colectivo TSI reducido a trío y mudado al sello Stax, pero en su habitual estado de gracia. Historias de abandonos, reclamos maritales, dulces comienzos que acaban mal, que podrían ser cuentos de Carver (luces de TV acompañando malestares e insomnios) si no fueran ya canciones de soul atemporal. Lejos de ser bailables, pero más lejos de hundirnos en tristezas, logran levantar los ánimos de espíritus dispuestos a renacer. De pies a corazón.
Anselma Guzman
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Chavela Vargas
Corridos de La Revolución  
(1970)

De las grietas de la voz de Chavela salen revolucionarios a caballo y a los tiros. Las canciones envueltas en misterio cabalgan hacia un más allá donde no terminan de sonar. Chavela canta, dice, grita. Cuenta los corridos de la Revolución Mexicana a su manera única, así los retoma como los relatos que eran en su origen. Los corridos traían y llevaban noticias, contaban historias, hacían elogio de algún personaje, de sus armas, de su montura, hablaban de amor y de las costumbres del pueblo.

“Simón Blanco”, “Heraclio Bernal”, “Benito Canales”, entre otras composiciones anónimas de rima aptas para recordar y facilitar la transmisión oral integran el disco. Son historias de peleas, de muerte, de amor, de sangre. Hombres duros peleando contra el gobierno, hombres justos asesinados a traición, siempre desafiando la voz del poder. Un disco de trasfondo épico en el que los finales felices no abundan. Si se puede escuchar con auriculares montado en un caballo a galope tendido, mejor.

En la lámina interior del otro disco, leemos: “Los corridos mexicanos son historias contadas en canción. El nombre viene de corrir (sic), el verbo español que significa correr, e indica que habrá una narración en marcha”. La definición es de Henry Cowell, un artista que ayudó a modelar la sensibilidad musical del siglo XX aunque él mismo pasó por debajo de la cuerda de la fama. Su influencia puede rastrearse desde John Cage hasta George Gershwin. Dirigió una colección de once discos de música popular, editada por Folkways records, a la que llamó Música de los pueblos del mundo. Entre ellas, ésta, no sólo de corridos sino que incluye varios ritmos populares, como el fandanguito “La rejeca” cantado por Los trovadores tamaulipecos que dice algo como: “Qué me importa que ya no me quieras, / que al cabo la milpa ya va a jilotear, / tengo mi cuaco tordillo radado / y mis chaparreras de buen material”.

“El corrido del minero”, otro de los temas, fue grabado en México en los años veinte. El tiempo existe en estas canciones a una velocidad diferente y acaricia con dulzura de voces antiguas. El tiempo después cambió, se volvió más vertiginoso aún, pero el corrido siguió al margen de la ley. Hoy canta los avatares ya no de revolucionarios sino de narcotraficantes e inmigrantes. El silencio aplastante de Ciudad Juárez, de Ayotzinapa, de la frontera norte de México. Qué dicen los artistas populares de esto, declaró Chavela alguna vez: –Yo quiero que algún día se entienda que mi mensaje ya no es de la garganta, ya no es de disco, ya no es de concierto: es la voz inmensa del individuo humano que está callada, que no tiene nombre, que no puede llamársele de ninguna manera. Eso es lo que yo siento, eso es lo que no me deja morir hasta que la gente sepa que mi canto no es canto, que es algo más allá del dolor, más allá de la angustia, más allá del saber, más allá de todo, del arte en sí mismo.

Osvaldo Golijov
La Pasión según San Marcos  
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Imaginen a un Jesús encarnado en las calles de Latinoamérica, caminando entre la gente y dialogando en español con ritmos que van desde la capoeira y la rumba a un Kaddish que finaliza el disco. Golijov, argentino de nacimiento mudado a Israel y luego a Estados Unidos, se animó a reimaginar una Pasión de Cristo cuando la Academia Internacional de Bach en Stuttgart le comisionó a cuatro compositores para que versionen diferentes Pasiones conmemorando los 250 años de la muerte del gran Johann Sebastian. Entre los cuatro se encontraba Golijov. Quizás el no tener ningún trasfondo religioso –él niega haber leído la Biblia hasta entonces– le permitió una total libertad y una limpieza de prejuicios para “africanizar” el trabajo, convocando al áfrica esclava de las Américas, que bien supieron mixturar, en el caso cubano y brasileño, la tradición católica con la yoruba generando un sincretismo fecundísimo. Este Cristo negro está construido musicalmente en su mayoría por ritmos tanto de los tambores como de las palabras, su acentuación, su entrada en la trama sonora.

El estreno de esta ópera se llevó a cabo en Stuttgart, y en el disco se logra percibir la fortaleza de la interpretación en la que participan la Schola Cantorum de Venezuela y parte de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar. Es notable ese final, un Kaddish, considerando que la tradición representa a la Pasión de Cristo de una manera cristiana ortodoxa, la inclusión de este lamento hebreo, usado en las liturgias de los servicios religiosos Judíos, da una apertura aún más potente a este Jesús negro. El disco resulta un deleite sonoro, que logra aunar una historia conocida con otros ritmos conocidos, pero que no habían entrado aún en diálogo.
Valle
Ensamble Peripecia  
(2015 )

Desde Chilecito, valle azul del oeste riojano al pie del mítico cordón del Famatina, emerge este primer disco de Ensamble Peripecia, un proyecto con varios años de investigación sonora y constante búsqueda que finalmente encuentra su primer gran continente, fruto de un trabajo minucioso y autogestivo, que se complementará con una segunda parte denominada Cataclismo y cuyo lanzamiento está también previsto para este año.

Space rock, jazz, dub, noise, avant garde. Hay que mencionar algunos géneros posibles en los que se inscribe la propuesta de la banda, para cumplir con cierto protocolo de orientación de toda reseña de discos, pero más que nada para deshacernos rápidamente de ellos, porque es más justo decir que el motor dinámico de Ensamble Peripecia es su propio espíritu libertario de experimentación. Son solo sonoridades disparadoras, coordenadas iniciales para desde ahí llegar a momentos de tensión extrema con la electricidad chirriante y chorreante de guitarras filosas, o a paisajes de calma ambiental revestidos por aires y vientos que parecieran bajar desde aquella gran montaña dorada, deidad ancestral y moderna. Todo traccionado por una psicodelia de nébulas y espirales, de complejas capas instrumentales que incluyen theremins, didgeridous, vientos tubulares, flautas, percusiones y voces fantasmales. Todas grabadas y procesadas con equipos analógicos.

Para quienes no conocen el valle en cuestión, el disco de Ensamble Peripecia es un portal hacia una región de cactus y magnetismo mineral por la que se viaja en estado de abstracción, de trance interior, cuyo perfecto correlato visual son las alucinadas solarigrafías – fotografías estenopeicas con exposiciones que llevan meses de captura de los movimientos de la luz solar y sus sombras– que se aprecian en el arte de tapa del disco, obras de la artista riojana María Fuentes. La imagen es también un elemento compositivo importante para la banda, y el cine ha sido desde sus inicios algo más que una inspiración. Pero más allá de algún track denominado “Vertov”, o que la inesperada aparición de un saxo en “Nebulosa” nos transporte a habitar un fotograma perdido de un desierto soleado que podría haber filmado Wenders o Antonioni, es el cine como fenómeno físico de oscilaciones de la luz –de estraboscopia, de distorsión del foco, de flares y fotosensibilidad–, y el cine como experiencia intelectual, tramado en la sucesión episódica de los tracks que propone al oyente un itinerario temporal en secuencias, reivindicando un modo conceptual de escucha y de abordaje de la obra en forma completa.

Ensamble Peripecia se integra con Hernán Ocampo (Guitarras, voces, teclas, efectos, vientos tubulares y a cargo de la producción artística del disco), Evelyn Vergara (Bajo, voces y vientos tubulares) Tin Maturano (Percusión, efectos y theremin) y Damián Gutiérrez (Batería). A ellos se sumaron como invitados a la creación las flautas de Joel Costas, el saxo de Laura Pailos, la voz de Fly Fly Caroline, el Rhodes de Chuly (de La tumba del alca) y el didgeridou de Franco Scaglioni. 

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